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No todo se ha escrito.

Por Federico Pérez (*).

No todo se ha escrito.

La tendencia del gran público al consumo de información, entretenimiento y catarsis en redes sociales ha generado un gran interrogante que supone esta cierta competencia entre lo digital y los medios de prensa o en papel.

Sin embargo, la hipótesis más razonable sobre esta tensión de lo digital versus lo impreso es que una posibilidad de resolverla está dada por distinguir los puntos de interrelación, a partir de lo que el internauta o lector usa de cada oferta informativa. Y, más que nada, qué hace con ella.  

Al respecto, es tan cierta la pregunta de cuánto más de vida tendrán las publicaciones de la industria gráfica, como el estiletazo que las noticias falsas o “fake news” le están dando a los contenidos en soporte digital.

Además, cabe distinguir entre la circulación y el consumo de los diversos periódicos en papel, según su frecuencia de aparición en los kioscos. De acuerdo a la impresión de quien esto escribe, la tendencia a abandonar la compra de las publicaciones de diarios los urge más que a los de aparición semanal o quincenal en este mismo soporte.

Lo anterior, un gran desafío que es percibido en el mercado periodístico de los países más desarrollados del planeta y cuyo traslado a los nuestros puede demorar un lustro o menos. Sin embargo, es un cronograma mucho más holgado el que corre para publicaciones de consumo por semana o quincena, siempre y cuando sepan sostener este requisito cualitativo.

A tal punto, Michael Klingensmith supone que “la edición impresa de los diarios del domingo podrán tener unos 20 años más de vida, pero no creo que esto suceda con los periódicos del resto de la semana", prevé el vicepresidente de la nueva Alianza de Medios de los Estados Unidos.

Esta sobrevida tiene como basamento la cada vez más evidente profesionalización y la capacidad de análisis de sus articulistas, condición esencial que imponen los directivos de estos medios en todo el mundo.  

En paralelo, la inmediatez extrema y las condiciones de trabajo en los medios digitales, si bien su consumo es mayormente gratuito, los expone a la competencia de otras publicaciones similares, blogs y contenido de calidez zigzagueante de redes sociales. Posiblemente, por el “aplanamiento” y el lenguaje llano que invita a que cada potencial usuario/internauta suponga que la proeza de confeccionar su propio medio, ahora le ofrece en bandeja la masividad de las nuevas tecnologías de información y la comunicación. Una tentación o fantasía que está desbarrancando.

Es este escenario informático, en los mismos pliegues del continente digital donde surge la posibilidad de la difusión de noticias falsas o “fake news”.

La consultora Gartner, especializada en el mundo digital, ha incluido las noticias falsas como uno de los principales retos a los que redes sociales deben hacer frente los próximos años. En sus predicciones para 2018, la compañía señala que las empresas no solo deben controlar lo que se dicen sobre ellas, sino también en qué contextos, asegurándose de que “no estén asociadas con contenido que sea perjudicial para el valor de su marca”.

El pronóstico de Gartner es que la mayoría de los usuarios de las economías maduras consumirá más información falsa que verdadera en 2022. Por otro lado, el bloque de países europeos también puso a las “fake news” en su agenda. Para combatirlas, si cabe aclarar.

Es así que la complejidad que tiene la competencia entre lo impreso y lo digital se ha equiparado en este último año. La contundencia que mantiene el papel en las manos del lector, más la profundidad de campo en el tratamiento informativo le dio un nuevo impulso. Y en los tipos de productos impresos, un adicional que favorece a los de aparición en cada fin de semana.

(*) Publicado en Salta Informa, 5 de diciembre de 2018. 


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