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Una campaña sucia, muy sucia

Por Jorge Villazón (*).

Una campaña sucia, muy sucia

“Corrupción e inseguridad son los dos temas que golpean y lastiman a un electorado convencido de que todos los políticos son iguales y que aquel que no lo sea lo tiene que demostrar de una forma que sea fácil y rápidamente perceptible al ciudadano.Los negocios que se siguen haciendo al amparo del poder en dependencias estatales y municipales, sobrepasan los límites de lo que habíamos visto hasta ahora”.

Por si alguno no ha notado que el párrafo está entrecomillado, debo aclarar que el mismo pertenece a una nota publicada hace unos días por una subsidiaria mexicana de  la agencia Bloomberg.

Tomé el mismo al sólo efecto de usarlo como un disparador para arribar a lo que deseo llegar desde estas líneas.

Estoy convencido de que la actual campaña electoral, tanto la de alcance nacional como la particular de nuestra provincia, debería ser tomada como “campaña sucia”.

En noviembre de 2015 el diario Perfil decía que “la campaña moderna se crea en Estados Unidos.

Es la democracia norteamericana la que utiliza todo lo que se tiene a mano para conseguir imponerse ante el competidor o el contrincante. ¿Hay reglas?

Sí, pero se rompen, muchas veces por efecto de la codicia, de la ira y de la ambición que se siente ante la posibilidad de ganar. Podríamos decir que la campaña y sus reglas están pensadas también para que haya algún tipo de autocontrol, aunque solamente orientado a lo instrumental y no tanto a lo moral”.

Aquí comienza a aparecer el quid de la cuestión. ¿Qué es lo sucio en una campaña? Comúnmente la primera visión se centra en todo aquello que tenga que ver con las cuestiones personales de los candidatos, tanto en su vida pública como en su vida privada, pero eso no es lo que estaría pasando en la Argentina de hoy, en la provincia de Salta o en el distrito Capital de nuestra provincia.

Es algo sutilmente diferente pero mucho más preocupante. El tema ahonda en lo institucional y en la inmoralidad del aprovechamiento de los Estados involucrados.

En agosto del 2015, Clarín editorializaba acerca de esto de la siguiente manera: “La realidad política argentina nos tiene acostumbrados a que los recursos públicos sean utilizados para la campaña política de los funcionarios que ocasionalmente los administran.

Esta última campaña electoral no ha sido la excepción, y nuevamente todos fuimos espectadores del uso electoralista de los actos de gobierno, de la publicidad oficial, de la cadena nacional, y en general de los espacios o bienes de propiedad del Estado”. Estos conceptos, aplicados al presente no pierden vigencia y, por el contrario, tienen una variante más escandalosa desde el Gobierno Nacional.

Hoy, como sucediera en la dictadura, la utilización del Poder Judicial en contra de los adversarios o enemigos políticos es la moneda corriente de las “campañas sucias”.

La dictadura no intervino al Poder Judicial de entonces y lo uso para el encubrimiento de sus delitos de lesa humanidad, hoy el Gobierno nacional hace lo mismo pero para perseguir y estigmatizar a la oposición que más los preocupa.

No estaría mal recordar cómo les fue a aquellos magistrados al final de ese tiempo y así saber cómo les irá a los de ahora. Hoy escuchamos que es el nuevo gobierno el que les “permite” a los jueces a ir contra los gremialistas corruptos, si los jueces son los mismos y los corruptos también, lo que cambió fue el Gobierno y deja a los jueces en posición de serviles a los Gobiernos de turno.

Eso, la campaña en el nuevo tiempo, es hacer “campaña sucia” y destruir a la República.

En nuestra provincia y en el municipio de la ciudad de Salta, lo que se hace hoy es utilizar, con descaro y prepotencia, los bienes del Estado a favor de los candidatos del oficialismo, aunque aquí también se usaron a los mismos jueces para atacar a los anteriores gobernantes que habrían cometidos delitos de corrupción.

Pero ahora, ambos grupos, se complementan desde el Estado, nacional, provincial y municipal, para poner a disposición de “campañas sucias” los bienes tributados por la ciudadanía que conforman la hacienda pública, en contra de los candidatos ciudadanos.

Eso es campaña sucia, muy sucia.



(*) Publicado en diario Punto uno, 2 de octubre de 2017. 

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