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Changüi hasta el 22

Las notables dudas compartidas entre especialistas ubicados a derecha e izquierda que genera el Presupuesto 2018, se corporizan en los movimientos de fondos admitidos por el macrismo, principalmente con la paralización de la inversión en obra pública, luego del 22 de octubre.

Changüi hasta el 22

En esta línea, el economista Gonzalo Guilardes evaluó hoy en el diario El Cronista Comercial el proyecto ingresado la semana anterior por el gobierno de Mauricio Macri a la Cámara de Diputados nacional.

Una de las conclusiones a las que arribó Guilardes apunta a que el macrismo oscila entre apuntar a “una virtual paralización de la obra pública tras las elecciones o se está subestimando el gasto. Mi impresión es que hay un mix de ambas cuestiones”, advirtió hoy.

Dicho análisis se hizo en base a los números que Balcarce 50 giró a Diputados, los que se toman como base para el cálculo de gastos e ingresos que se prevén para 2018.  

En su evaluación, el especialista se remitió al mensaje del Poder Ejecutivo para el ingreso de esta iniciativa, donde Casa Rosada “estima que el total de la Inversión real directa y las transferencias de capital aumentarían un 18,4% y un 12,7% durante el 2017”.

Lo cual equivale a plantear que son “variaciones negativas en términos reales. Los datos de ejecución de la APN muestran un aumento del 63,5% en la Inversión Real Directa y del 62,5% en las Transferencias de Capital en el primer semestre del año”. Es decir, en los papeles proyecta una asignación mayor, pero el efectivo financiamiento para concretarlas es mucho menor.

Una conclusión similar es a la que arriba Guilardes en el caso de las partidas previsionales, donde el “Ejecutivo estima un crecimiento en el total de Prestaciones a la Seguridad Social del 35% y una caída en las Transferencias Corrientes del 0,7% durante el 2017”.

Respecto a lo último, indica que “lo más probable es que se esté subestimando el gasto”, artilugio aritmético que presagia un ajuste mucho más amplio y de alcance social mucho mayor al perpetrado en estos 20 meses de gobierno macrista.

En tono más conciliador, según prefieren los economistas del establishment, Guilardes explica que al realizarse “una reestimación conservadora de los gastos del 2017 en función de los valores observados en el primer semestre (sobre todo en lo vinculado a la obra pública y las transferencias corrientes) el déficit del 2017 cerraría en un valor similar al del 2016 (en un 7,1% del PIB aproximadamente)”.

Sin embargo, este dar escobillonazos bajo la alfombra implicarían que “las metas previstas para el 2018 de reducción del déficit fiscal serían más ambiciosas a lo anunciado”. Lo que, traducido al castellano, podríamos denominar ajuste salvaje.

Por ello, con idéntica delicadeza, el economista conjetura que “frente a esta realidad, una posibilidad es que el gobierno abandone el ´gradualismo fiscal´ para cumplir con las metas previstas en el presupuesto 2018”, reclamada por los prestamistas que vinieron solventando este perfil relativamente más amable del macrismo y ahora exigirán cobrar.


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