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Más que mil palabras
Más que mil palabras

Por Federico Pérez Córdoba (*).


La furia más desencadenada y las maldiciones cósmicas más estruendosas se desataron con la sola confirmación del encuentro que Máximo Kirchner comandó esta semana en Buenos Aires con dirigentes del segmento nacional y popular salteño. 

La difusión de la fotografía en la que aparecen el diputado nacional Máximo Kirchner, su par Andrés Larroque, acompañados del intendente de Tartagal, Sergio Leavy, y del ex diputado nacional José Vilariño, levantaron bramidos en el urtubeísmo.  

Los reclamos se dieron en dirección a ambos. A Leavy le recriminaron en privado haberle puesto unos días antes el cuerpo a una reunión de dirigentes del Frente “U”, en la que convinieron sumarse al macrismo, de la mano del gobernador salteño.

Sin embargo, el motivo de la reunión y la conclusión final de los participantes (adscribir al gobierno nacional) parece algo que haya quedado en claro y, más bien, todo indica que la voluntad de los participantes fue traicionada. Según algunas versiones, la adhesión al Pro no se habría tratado en este encuentro y solamente obedeció a la invención de algún funcionario provincial desesperado por congraciarse con el gobernador Urtubey.

Mientras que a José Antonio Vilariño, le dispararon con pólvora mojada. Según la colérica réplica del oficialismo local, el ex legislador nacional sería algo así como un desagradecido, dado que en este momento ejerce como funcionario de la Casa de Salta en Buenos Aires.

Aunque el propio Vilariño se encargó de aclarar hace más de un año que renunció a tal cargo, aparentemente por el descontento que le produjo el alineamiento ciego del gobernador salteño con el Ejecutivo nacional. 

El fondo de la cuestión parece ser, además, una cuestión de celo profesional entre Urtubey y Máximo Kirchner. El mandatario salteño persiste en repetir los mantras macristas que apuntan a vaticinar un porvenir económico reiteradamente esquivo en cuanto a su concreción.

Por su parte, el dirigente patagónico apela al pragmatismo liso y llano del que carece Urtubey. Máximo K, encuestas en mano, sabe que poco más de un tercio del electorado salteño votaría un proyecto de país con redistribución del ingreso, industrialista, productivista y con generación de fuentes laborales. 

Pero fue el propio Urtubey quien renunció a levantar esas banderas y retornar al regazo del conservadurismo, dejando huérfanos a esos 32,5 % de los salteños que tiene una perspectiva diferente del país.

Tal vez lo que desata su furia, además, parece ser el hecho de la situación enclenque donde queda relegado su supuesto liderazgo, objetado seriamente al mandar con el sonido de un silbato torcer hacia otra dirección y la tropa yendo hacia otro lado.

"La decisión es hablar con todos los compañeros que se sienten identificados con el espacio kirchnerista pero a la vez entendemos que cada uno tenga autonomía en su provincia", le comentaron al diario oficialista Clarín, desde el entorno de Máximo K.

Pero el cosquilleo en la espalda del oficialismo subió con fuerza en el urtubeísimo, mucho más que el derecho de admisión que hasta ahora le aplicaron Nanni y otros dirigentes de Cambiemos Salta a sus intenciones de ingresar al macrismo. En este pronunciamiento le recordaron dos cuestiones: 1) nada quieren saber con sectores que huelan a “populismo”; 2) JMU fue uno de los comandantes de campaña del candidato que perdió hace 1 año y ocho meses. 


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