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Cuestión del clima

Las proyecciones de una campaña que podría llevarse el título de récord no dejan de estar amenazadas por el factor climático. La soja se encumbra a 56 millones de toneladas y el maíz a 38 millones.

Casi al comienzo del otorño, el clima es un jugador decisivo. Si las lluvias retornan en grandes volúmenes podría haber un serio deterioro en las buenas expectativas de cosecha.  

Aunque, también bajarían las productividades si se detienen los mecanismos de lluvias en este tramo final del cultivo de soja.

Tras las fuertes tormentas que malograron casi un millón de hectáreas en soja a principios de año, el verano transcurrió -para gran parte de los cultivos- prácticamente sin limitantes hídricas de consideración.  

La humedad siguió siendo suficiente en los suelos, por lo que el cultivo de soja de primera siguió formando vainas y llenando sus granos sin contratiempos. Un escenario de alta productividad vuelve a perfilarse a pesar de las dificultades.  

Las zonas no afectadas por los excesos de lluvias se aproximan a los máximos rindes históricos y compensarían las reducciones por superficie.

Considerando los ajustes en las distintas áreas, el rinde nacional promediaría 30,7 quintales por hectárea; por lo tanto, la producción de soja se estima en 56 millones de toneladas.  

En zona núcleo, los rindes promedios rondarían los 40 quintales por hectárea y los máximos podrían superar los 55 quintales por hectárea. Cada vez falta menos para conocer los resultados de esta campaña tan esperada.

Con un 55% de los lotes tornándose marrones y perdiendo hojas en esta región, las sojas de primera están a tan sólo diez días de comenzar la cosecha de los primeros lotes.

En Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, sobre todo en Chaco y Santiago del Estero se consolidan las expectativas alcistas de rendimiento para el maíz. Santa Fe, en el tope de las marcas, supera los 95 quintales por hectárea de promedio; Buenos Aires y Córdoba suben un quintal y medio, a 79,9 en el área bonaerense y a 84,8 quintales por hectárea en el territorio cordobés.

Chaco y Santiago perfilan una gran campaña maicera. Sin nuevos ajustes de superficie, el hectareaje de lo no cosechable sigue 1,06 millón de hectárea, y el de la superficie total sembrada en 5,84 millones de hectáreas. El rinde la campaña asciende 3,3 quintales respecto de lo estimado en febrero.  

El guarismo nacional se encarama a ser una de las mejores marcas con 79,5 quintales por hectárea.

Particularmente, en la zona núcleo, se esperan picos que superen los 130 quintales por hectárea, con promedios de 100 quintales por hectárea.

En lo que va de marzo, los registros de lluvias en el sudeste de Santa Fe noroeste y noreste de Buenos Aires y el sur de Córdoba superan los 100 milímetros.

Vuelve a darse muestra de cuan vulnerable es el estado de los caminos en la región, dificultando el tránsito y el acceso a muchos lotes.  

Pero los pronósticos a corto plazo son alentadores: no se esperan lluvias para la semana que viene y el buen tiempo permitiría acelerar el secado de los granos de maíz y comenzar una fuerte actividad de recolección en el fin de semana.

Aún persiste el temor por nuevos excesos hídricos, especialmente recordando lo que sucedió en abril del 2016 y las lluvias de diciembre y enero, que subieron las napas casi al tope en la región pampeana.  

En el pacífico ecuatorial central, que es donde se parametrizan los índices que definen su estado, se vio por quinto mes consecutivo un indice oni por debajo de -0,5. Técnicamente estamos en una fase niña.  

Sería un factor favorable para no esperar grandes problemas en la recolección de la actual cosecha, es decir lluvias, ya que por este fenómeno se ubicarían en lo normal o por debajo de las medias históricas.  

Sin embargo, debido al estado actual de inestabilidad, no se descarta algún evento de lluvias intensas.


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