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Tal vez tenga razón

Por: Federico Pérez Córdoba. La actual “opo” se solaza con una seguidilla de bartolas que lanzó el psicólogo Oscar Mangione, en relación al garabato que hizo el presidente Macri este fin de año, un ejercicio de precalentamiento crítico que sirve tanto para la catarsis como para ver algo de razón en la senda de razonamiento del mandatario.

Tal vez tenga razón

Lo primero y necesario de mencionar es que la opinión que dio el psicólogo Oscar Mangione respecto al dibujo de Macri este fin de año, afortunadamente parte desde un punto de vista político y no de la disciplina a la que él reclama pertenencia profesional.

Así, el Mangione en perspectiva política entrevé en el esbozo hecho por Macri (¿Será así o un encargo solicitado a un niño troll?) del horizonte y el sol, extinguiéndose o iniciando el alumbramiento, un toque “infantil” o un punto de vista presidencial que lo lleva a que “subestime al interlocutor”. 

Ahora bien, a riesgo de ponernos un tanto oficialistas, cabe darle algo de la diestra al mandatario nacional y, en función del libre albedrío, plantear por qué no el hombre se encontraría en pleno derecho a presuponer algún rasgo de inferioridad en sus contertulios, sea directos o en la condición de paradestinatarios. 

Al fin y al cabo ¿Quién sería el cristiano en su sano juicio capaz de avizorar un 2017 venturoso para 35 millones de argentinos, cuando ni una sola de las variables económicas aconseja enarbolar anhelos en tal sentido? ¿Quizás la autocensura de la “corrección política”? ¿El espíritu un tanto bobalicón del fin de año? ¿El miedo a ser llamado un “aguafiestas”?

Salvo que uno sea, no un productor anteño o tartagalense, sino un exportador a gran escala de granos -tal vez, un dueño de algún banco; millonario accionista de alguna minera o de una empresa de energía que se apresta a pesarla con la edición 2017 de los tarifazos- no existen demasiados motivos para aguardar prosperidad en los doce meses a punto de iniciarse.

Una gran cantidad de connacionales que se mareó de tanta lucha por “pobreza 0”, “segundo semestre”, “unir a los argentinos”, “sinceramiento de tarifas”, “brotes verdes en la economía” y “Plan Belgrano”, visto desde una perspectiva macrista, no genera otra lectura que la atribuida por Mangione al inquilino actual de Balcarce 50.

Sin embargo, otra a favor del punto de vista oficial resulta exigible señalar que el menú planteado es el que, siempre y en todas partes del mundo, propone la derecha conservadora: baja de salarios, anuncios de inversiones, promesas de bienestar posterior, suba de tarifas y privatización de fondos jubilatorios, entre otros ítems.

Teniendo lo anterior en claro, pasándolo en limpio, la defección viene por el lado de las alternativas, no del oficialismo. Y a la par del macrismo, casi todo el Frente Renovador, el duhaldismo completo, parte del desperdigado Frente para la Victoria, el Socialismo y la variante WASP de la Tupac Amaru, el movimiento Libres del sur, que se guardan por lo bajo sus impresiones sobre estos 35 millones de argentinos, pero se asemejan bastante a la catadura de “la gente” que propone el ex presidente de Boca Juniors.

Por fortuna, este fin de año se aplacó aquella bobada interplanetaria de “aportar a la gobernabilidad” o de que “si le va bien a Macri, nos va bien a todos”. Salvo que te creas Joe Lewis, el actual anfitrión del Jefe de Estado, uno de los pocos en condiciones de  certificar que estos tiempos le funcionan bárbaro.

La derecha, en sí misma, no es seductora para toda oposición. Es cierto que algunos de sus dirigentes babean con el nivel de vida, los autos lujosos, los hijos inscriptos en el Cardenal Newman, las vacaciones en Punta y las mujeres con postura ante el flash de los paparazzi. Pero, de antemano, saben que esta no es una proposición para hacerle a los 35 millones de ciudadanos que votan.

Igualmente, la legitimidad para ubicarse en el mencionado estatus social, junto con la representación de esos 5 millones de argentinos, la tiene también el oficialismo. Los demás partidos políticos, cuyos dirigentes apuntan a conquistar a este círculo rojo, en los hechos se ven obligados al amague tendiente a timar a la franja restante y más amplia.

De este lado del escenario, una treintena y media de millones activa su GPS en el año que está por comenzar, tal vez intuyendo que su ultimátum catapulte a los candidatos de izquierda o desperece al centro que siempre –más allá de cualquier espejismo- fue el peronismo. Advirtiendo que esa exclusivo redondel de 5 millones de argentinos ya tiene quien lo represente, y que los demás 35 millones han venido a preguntar quién se ofrece para cumplir tal función, de este lado del mostrador.


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