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El anzuelo que tiene el Caribe

Este fin de semana llega a los kioscos de revistas la nueva edición de "Viaje de Pesca", con el anticipo de esta nota www.saltainforma.com celebra esta aparición con interesante reseña sobre una imperdible experiencia en Panamá.

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Alguna de estas noches de trucha arco iris en plato gourmet escuchó la canción, en la zona céntrica de la ciudad de Salta. Y en esta tarde caribeña suena “Poor Tom”, de Led Zeppelin, en esa prolongada mañana-siesta, bajo el sol caribeño de Panamá. Sin colinas, pero a lo lejos, parece acercarse una tormenta. Es entonces, cuando muerde el anzuelo de Tom Powell, flamante ciudadano de Las Lajitas, el más grande atún de esta expedición.

Gonzalo González, el guía en este “Viaje de pesca”, colabora con la tarea más ardua y luego activará el click digital para que Tom se luzca con el estupendo pez recién salido de las costas panameñas. En el punto de unión de las dos Américas, la del norte que lo alumbró en la ciudad de Jacksonville (Florida), y la del sur que ahora lo cuenta como un vecino más, en Las Lajitas. Ahí queda Tom, con el resultado de su técnica, exhibiendo este ejemplar que habita ambas costas del itsmo.

Un  premio al procedimiento previo de relax, en el que Powell incursionó a poco de llegar a este auténtico paraíso del Caribe. Desde Salta, vía aérea, hasta esta aldea global en la que habitan y transitan en una semana ciudadanos de todos los continentes, mayormente por trabajo y otros tantos por placer. Por el gusto de probar las cuatro clases  de mangos, la cerveza cuando pica el sol en la piel y el ron que invita a entonar como aquel John Silver, creado por la imaginación de Stevenson.

La pesca fue muy cerca de la costa, en pequeñas pangas, unas embarcaciones que consumen poco combustible (al menos, comparadas con Gonzalo, bromea mentalmente Tom), y llevan hasta el lugar preciso en que nadan otros atunes, éstos de aletas amarillas. Esta vez, el deportista lajiteño-jacksonvilliano estará enfundado en una remera del traje de buzo, comprada en Cabela´s para el viaje, más que nada por los inclementes destellos de Febo. La capucha y las antiparras, más el protector solar con filtro de 80 permiten respirar mejor y una jornada “cool”, en la búsqueda de estos escurridizos de lomo amarillo.

Algunas veces, luego de atrapar un pez, se hará necesario apagar el motor, armar una pesca con triple anzuelo o robador e intentar la pesca con mosca, desde la proa del bote. Algunos tiros a este atún fueron una experiencia increíble, con el panga totalmente detenido. Este coloso del mar es capaz de saltar 3 metros fuera del agua, con la elasticidad de un Alexander Godunov, aquel ruso loco, estrella del ballet y luego en el cine.

Otra de estas tardes panameñas, la Pachamama centroamericana mandó de obsequio un inmenso pez gallo, atrapado con carnada de bonito. Este último, llamado “skipjack tuna”, llega a pesar alrededor de un kilogramo y se lo pone en un anzuelo de los más grandes que llevan estas cañas. Para obtener el pez gallo, la pelea de Tom insumirá entre 20 minutos y menos de una media hora. Este “Viaje de Pesca” se hará bajo las órdenes de Gonzalo González, un ex Nº 1 del surf de Panamá, quien llegó a competir profesionalmente. Lo acompaña su esposa, primero su alumna de surf, en la actualidad la mejor en categoría femenina y ganadora de la última temporada en Canadá, su país de origen.

Pero ninguna de estas travesías merecería llamarse tal, sin haber intentado antes capturar un “mahi mahi”, también llamado “dorado o pez delfín”. Son peces que ofrecen resistencia con variados saltos, muy acrobáticos y que aprovechan sus cuerpos planos para resistir el garfio que, a lo mejor, los ponga sobre el bote. Los machos tienen cabeza estilizada, las hembras se distinguen por tener la parte superior más redondeada. En alguno de sus tantos viajes por distintos mares del mundo, Tom los probó en sashimi y a la parrilla. Sin embargo, esta vez, Powell tiene sus guantes de pesca hasta cerca de la punta de los dedos, los que tamborilean más por el lado de abrir alguna lata de cerveza.

Sólo este elixir arrancado a la malta, al lúpulo y a la levadura es lo recomendable para un “Viaje de pesca” en bote, dado que los vasos o las botellas de vidrio generan inconvenientes, en caso de romperse a bordo. Llegado el mes de julio, es posible avistar algunas ballenas. En ocasiones, 6 al mismo tiempo que pasan por las costas panameñas en su migración. Otras veces, ninguna. Algunos días, también es posible ver varias tortugas. Una variada cantidad de pájaros, algunos deslizándose por encima del mar, otro elevándose lo bastante alto como para luego caer en picada y llevarse algún pequeño pez.

En esta parte del mundo hay para todos. El mayor error sería no volver alguno de estos días a Panamá.


* Viaje de pesca, diciembre de 2016.

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