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Operación y repercusión

El ex canciller Rafael Bielsa no pensó cuando escribió su libro "Operación México" que, dos años más tarde, el pacto de amor de Edgar "Tucho" Valenzuela y Raquel Negro, militantes de Montoneros, cobraría vida en la pantalla grande.

Operación y repercusión

Sin embargo, intuyó que esa historia aportaría un "grano de arena" a la recuperación del mellizo nacido en cautiverio, al que su hermana Sabrina busca desde el 23 de diciembre de 2008, y señaló: "Me gustaría que la película sirviera para que la historia no sea olvidada y para encontrar al mellizo"

"Me gustaría que la película sirviera tanto para que no sea olvidada esta historia, como para que aportara su grano de arena a la recuperación del hermano mellizo de Sabrina, la hija de Tucho y María, no encontrado hasta el día de hoy", confesó Bielsa en diálogo con Télam.

La denominada "Operación México" fue un plan ideado en los meses previos al Mundial '78 por el luego dictador Leopoldo Galtieri, destinado a aniquilar a la cúpula de Montoneros, que residía en la ciudad de México, con el pretendido fin de garantizarle a la jerarquía militar la desarticulación de esa agrupación, frente al temor de que su accionar se extendiera "cinco o seis años más", según le habría revelado el propio Galtieri a Tucho.

Bielsa se enamoró de la historia de Tucho y María, que eran los nombres que tenían Edgar y Raquel dentro de Montoneros, apenas se la contaron, durante su exilio en España, a principios de los '80  y, según le relató a Télam, cayó "rendido ante ella".

Finalmente Bielsa -quien también estuvo secuestrado durante la dictadura militar muy cerca de la Quinta de Funes, donde estuvieron Tucho y María en 1978, cuando faltaban pocos meses para el Mundial de Fútbol- decidió escribir el libro que publicó en 2008, con el nombre La "Operación México" o lo irrevocable de la pasión, que ya lleva su tercera edición.

La película, llevada a la pantalla grande por Leonardo Bechini, es "atrapante" y "en nada desmerece el libro", consideró Bielsa durante la charla, lanzado al difícil arte de comparar un libro con una película.  Dejó claro, sin embargo, que "las personas que fueron Tucho y María superan largamente el pobre homenaje que le rinde la novela primero, y la película después", pero alagó la "corporización" de Tucho en el actor Luciano Cáceres, y dijo que se trataba de una "magnética versión de alguien que protagonizó una historia que no merecía ser olvidada".

Bielsa le da a la historia cinematográfica un sentido de "melodía amorosa y exasperada" y de "tragedia atópica, sin un sitio necesario, tan vieja como los sentimientos, los deberes y la naturaleza humana".

El ex canciller, que estuvo secuestrado y desaparecido en 1977 en El Castillo -ubicado en la zona rural de la ciudad de Funes-, sabe que "los '70 ya han sido suficientemente pensados y bien historiados", pero también es consciente que esos años de la "insomne tragedia argentina" siguen en la memoria, y generan preguntas y emociones.

"Si la película genera algo invisible y sin nombre que toca el sentido de los valores y moviliza las emociones, si lo logra, habrá sido arte", sentenció Bielsa, que intenta no salir del plano del arte para hablar de la película que, dice, lo emocionó "de una manera distinta", porque "la película es aquel relato y es otro".

Pese a su intención de circunscribirse a lo artístico de la obra cinematográfica, Bielsa aceptó profundizar en lo que fue la militancia de esos años, y ató su pensamiento al "alto concepto de fidelidad y honor" y, también, al "coraje de ejercer una opción".

Para graficar ese coraje, el ex canciller citó uno de los diálogos de la película en el que María le dice a Tucho, antes de que él partiera hacia México en una peligrosa operación, que si no podían "elegir el modo de vivir", al menos eligieran "cómo morir".

Esta peligrosa operación, que es precisamente en la que se basa la película y el pacto de amor de ambos, consistía en que Tucho viajara a México, donde residía la cúpula mayor de Montoneros, con el objetivo de "entregárselos" al Ejército para que los mataran.

La propuesta de la operación le fue planteada por el luego dictador Leopoldo Galtieri -que en ese momento comandaba el II Cuerpo del Ejército con sede Rosario-, que para convencerlo, insistía en que mientras él y muchos de sus compañeros de lucha estaban detenidos, la alta dirigencia de la agrupación vivía en "cómodas casas" en el exterior.

Además, le ofrecía a cambio la supervivencia de María, en ese momento embarazada de siete meses, y con un hijo de dos años (Sebastián, el "Quinqui") que, tras permanecer en la Quinta de Funes unos días, logró entregárselo a los abuelos para que esté a salvo.

"Vos conmigo tenés un problema, Tucho. Si vas y hacés lo que convinimos, lo que nos juramentamos que harías, me van a matar, es posible, van a matarnos como a perros a todos los que estamos aquí y no podamos escaparnos, pero si no lo hacés me perdés para siempre, porque te dejo, te lo juro, nunca más en tu vida me volvés a ver, ¿está claro?", le dijo María a Tucho, y ya no le quedaron dudas.

Tucho viajó a México y, tal como lo convinieron con María, en vez de concretar la misión encomendada, desenmascaró ante la dirigencia de Montoneros y la prensa local y extranjera este operativo, motorizado por Galtieri.

No obstante, la agrupación Montoneros -en la que él mismo conducía la columna Rosario-, lo lleva a un juicio revolucionario allí mismo, en México, en el que lo declara "traidor" y lo baja cuatro rangos, de mayor a oficial, y, casi perdonándole la vida, lo envía a Cuba, desde donde luego emprende solo su regreso a la Argentina, a través de Paso de Los Libres (Corrientes), en su último tramo, donde es atrapado y asesinado por fuerzas militares.

Bielsa dejó claro que si bien la situación de la dirigencia de Montoneros no era como pretendía mostrársela Galtieri y no estaban cómodos en el exterior, "la política es estar entre la gente, con el pueblo, y con los necesitados", y "perder ese contacto, es perderlo con la realidad".

"Es entonces cuando las decisiones se distorsionan, y terminan en errores y en tragedia", afirmó Bielsa en tono de sutil crítica pero sin dejar de poner en contexto todos los matices de la situación.

"La reflexión estaría incompleta si no se la pusiera en el marco de lo que fue aquella época, con el exterminio planificado desde el Estado, la tortura, y la apropiación de los hijos" de los militantes secuestrados y asesinados", recalcó, y recordó que "hay muy buenos trabajos, incluso escritos por miembros de la propia conducción, como Cirilo Perdía o Eduardo Firmenich, que lo han explicado".

"Hoy, para mí, en el libro y en la película, el ámbito es el del arte. Por lo demás, si en nuestro país los que se equivocan deben pagar su error, si alguna generación pagó por sus errores, ésa es la nuestra", soltó Bielsa, que se definió como totalmente identificado con lo que fueron los '70.

"No todos estuvimos a la altura de la decisión que habíamos tomado, y es precisamente en esos intersticios donde existe un secreto que, aunque en sí mismo no importe demasiado por subjetivo, importa tratar de revelar como producto artístico", reflexionó Bielsa, que, con esto, vuelve a poner el foco en la historia que Bechini llevó ahora a la pantalla.  


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